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Esto también fue y es Deutsche Geschichte

febrero 25, 2019

 

Kurt Eisner

No tienen fin los sacudones emocionales que sigo percibiendo, a través de relatos de mis padres y fuentes informativas de otra índole, a raíz de sucesos que estremecieron a Alemania apenas acabada la 1ª guerra mundial y ya en vigencia embrionaria la República que tan mal acabaría en 1933. En este caso, este post guarda el poco atractivo color de luto (sin letras ni ilustraciones coloridas) en homenaje y conmemoración del asesinato de una de las personalidades políticas más rescatables de ese turbulento período: Kurt Eisner.

El 7 de noviembre de 1918, en el aniversario de la Revolución Rusa de Octubre, el Consejo de Obreros y Soldados de Múnich forzó al último rey de BavieraLuis III, a su abdicación, tras conocerse las noticias de lo ocurrido en el resto de Alemania después de la revuelta naval de Kiel y la Revolución de Noviembre. Acto seguido, Kurt Eisner, líder bávaro del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania(USPD), declaró a Baviera un «Estado libre» [Freistaat] dentro del contexto de la Revolución de Noviembre en curso en Alemania, como resultado de la cual la dinastía de los Wittelsbach fue destronada y la monarquía bávara quedó abolida. Si bien Eisner postulaba la creación paulatina de un Estado socialista, se distanció de los comunistas alemanes y admitió el respeto al derecho de propiedad, evitando también una revolución violenta como la sucedida en Rusia.
No obstante, en las posteriores elecciones de enero de 1919, el USPD obtuvo una votación bastante menor a la esperada, en tanto que el partido ahora competía con grupos comunistas y anarquistas por la influencia entre las masas, mientras que los núcleos derechistas de Baviera (católicos y antiguos monárquicos) seguían activos. Ante ello, Kurt Eisner planeó renunciar a su cargo pero el 21 de febrero de 1919 murió asesinado en München por un joven oficial de extrema derecha. La muerte de Eisner disparó la tensión política en Baviera y así un grupo de jefes más radicales del USPD proclamó formalmente el 6 de abril de 1919, la «República Soviética de Baviera», presidida por Ernst Toller.
Inicialmente, la República Soviética fue sostenida por miembros de las facciones más próximas al ala anarquista del USPD. Destacó allí la participación del anarquista Gustav Landauer como ministro de Cultura junto al economista liberal Silvio Gesell como ministro de Economía y otros socialistas libertarios, como el poeta y dramaturgo Erich MühsamErnst Toller y Ret Marut (el novelista B. Traven), los cuales dieron al soviet una fuerte dirección ácrata.
Tras apenas seis días, se advirtió que Toller y su facción del USPD carecían de fuerza entre las masas para sostener su régimen, por lo cual los jefes comunistas de Baviera, liderados por Eugen Leviné, tomaron el poder el 12 de abril mediante un golpe de Estado incruento. Pronto Leviné y sus seguidores ejecutaron un plan de reformas políticas y económicas copiadas de la Rusia bolchevique: expropiación de dinero y valores, expropiación de fábricas y entrega de éstas a los obreros organizados en sindicatos, control de los medios de comunicación, dirección gubernamental de la economía local, sustitución de las instituciones políticas (municipios, gobernaciones) por sóviets, etc. Del mismo modo, se ordenó que los particulares entregaran todas sus armas de fuego al gobierno, constituyendo con ello una milicia que Leviné denominó «Ejército Rojo de Baviera» (Bayerische Rot Armee) formado por soldados de la guarnición local afectos al gobierno y por militantes comunistas, socialistas y anarquistas.
Las medidas de Leviné y sus seguidores causaron alarma en Berlín, para lo cual el gobierno de Gustav Noske envió de inmediato 9000 soldados de la Reichswehr destinados a reprimir la sublevación de Baviera. A esta fuerza se unieron unos 3000 hombres del Freikorps ultranacionalista y anticomunista, llegando a formarse con el paso de los días una fuerza de 35.000 hombres, entre soldados regulares y Freikorps.
Temiendo sabotajes y atentados, Leviné ordenó arrestar a un alto número de personajes de la aristocracia y la alta burguesía para que sirvieran como rehenes, pero tras pocos días de proclamar la República Soviética empezó la contraofensiva militar del gobierno.
El gobierno de la República Soviética trató de oponer resistencia armada en diversas localidades, pero fue en vano, ante la superioridad en número y calidad de las tropas con que contaba el gobierno, las cuales pronto entraron en todas las ciudades bávaras a excepción de München. El 29 de abril, en una medida desesperada, Leviné ordenó fusilar a diez rehenes para desmoralizar al enemigo, siendo casi todos los ejecutados militantes ultraderechistas de importancia. Poco después las tropas de la Reichswehr se acercaban a los suburbios de München y el 3 de mayo de 1919 las fuerzas gubernamentales tomaban la capital bávara tras días de combates callejeros que dejaron un millar de muertos en la ciudad. Tras esto, unos 700 militantes comunistas fueron arrestados en toda Baviera, siendo varios de ellos condenados a penas de cárcel o a muerte. Eugen Leviné fue condenado a muerte por fusilamiento y ejecutado en junio de 1919.

Una cita textual de un compañero de Kurt Eisner: “Als Eisner am Vormittag des 21. Februar gegen 10 Uhr vom Ministerium ins Landtagsgebäude ging, um dort den Rücktritt der Regierung zu erklären, baten ihn seine Freunde, er möge nicht über die Straße, sondern durch den “Bayerischen Hof” gehen… Eisner weigerte sich entschieden. Minister Unterleitner und ich wiesen nochmals auf die durch die Presse hervorgerufene Haß-Stimmung hin und auf die vielen Drohbriefe, die er in den letzten Tagen bekommen habe. Vergebens. Eisner bestand darauf, den gewohnten Weg über die Straße zum Landtag zu gehen: ‘Man kann einem Mordanschlag auf die Dauer nicht ausweichen, und man kann mich ja nur einmal totschießen…’ Wir waren eifrig im Gespräch über die weitere politische Entwicklung. Plötzlichen krachten hinter uns nacheinander zwei Schüsse, Eisner schwankt einen Augenblick, er will etwas sprechen, aber die Zunge versagt ihm. Dann bricht er lautlos zusammen… Im selben Augenblick, als die Schüsse krachten, hatte ich mich umgedreht, den Attentäter am Arm gefaßt und zu Boden geschleudert. Ich ließ Eisner ins Ministerium bringen… Der Arzt stellte fest, daß die hinter dem Ohr aus allernächster Nähe in das Gehirn eingedrungenen Kugeln den sofortigen Tod Eisners herbeigeführt haben. Wie sich später ergab, hatte sich der Mörder, Graf Arco-Valley, vor der Absperrung in einem Haupteingang versteckt.  Die Nachricht von Eisners Ermordung löste ungeheure Erregung in München aus, und es kam unmittelbar darauf im Sitzungssaal des Bayerischen Landtags zu den Schüssen des Arbeiters Linder, durch die Minister Auer schwer verletzt, ein Abgeordneter und ein Ministerialbeamter getötet wurden. Graf Arco, der der rechtsnationalen thule-Gesellschaft nahe stand, kam noch am gleichen Tag in ein Krankenhaus, wurde nach seiner Wiederherstellung zum Tode verurteilt und vom Ministerium zu lebenslanger Festungshaft begnadigt. Während seiner Haft genoß er die weitgehensten Vergünstigungen, konnte sich lange Zeit sogar auf dem Gute eines Bekannten aufhalten. Nach fünf Jahren wurde er völlig amnestiert, in Bayern als Nationalheld gefeiert und hat dann einen Direktorsposten bei der süddeutschen Lufthansa angetreten.”  

(Felix Fechenbach, Der Revolutionär Kurt Eisner. Aus eigenen Erinnerungen, Berlin 1929)

  • – – –
 Graf Arco
Tampoco excluyo de esta reseña al personaje que invistió o encarnó el brazo ejecutor del asesinato político arriba relatado, compendiando en dicha circunstancia la ominosa marea reaccionaria que germinaba y crecía desde antes, pero florecía con más fuerza en la etapa de la resentida posguerra alemana subsiguiente a la derrota de 1918. Más, pero no mucho,  puede leerse sobre él en bibliotecas y portales:
Anton Conde von Arco auf Valley había nacido en 1897, hijo de un oficial  bávaro y de su esposa emparentada con banqueros austroaalemanes. Durante la 1ª guerra mundial ingresó en un regimiento de la guardia real de Baviera, donde ascendió a teniente. Terminado el conflicto bélico, comenzó a estudiar derecho en München. Sobrevivió a los disparos policiales que le asestaron cuando acababa de asesinar al dimitente líder político de la República izquierdista, Kurt Eisner,  el 21 de febrero de 1919. Estaba vinculado con militantes de la Asociación nacionalista Thule, de la que había sido excluido so pretexto de la ascendencia judía de su madre. Se le adjudicaban también relaciones con grupos promonárquicos empeñados en intentar la reinstauración de Ludwig III en el trono bávaro. Condenado a muerte por un tribunal popular, la pena fue conmutada después por la de “prisión en fortaleza”.  Más tarde fue amnistiado. Mucho después se supo que en 1920 había hecho llegar a la viuda de Eisner, por intermedio de un abogado, un considerable resarcimiento dinerario por el crimen cometido. Murió en Salzburg en junio de 1945.

Reproduzco en colofón un comentario aparecido en la “Süddeutsche Zeitung”  hoy, 26 de febrero de 2019:

“Waren es Hunderttausend? Waren es Hundertfünfzigtausend? Oder waren es gar „Hunderttausende“, die ihm das letzte Geleit gaben, wie einige Zeitungen schrieben? Vor hundert Jahren, am 26. Februar 1919, wurde der ermordete erste bayerische Ministerpräsident zu Grabe getragen – Kurt Eisner, der Gründer des Freistaats Bayern.
 
Kurt Eisner war 51 Jahre alt, als er erschossen wurde; er war ein Meister des Revolutionsmanagements gewesen – und es war ihm denkbar wenig Zeit dafür gegeben: „Die Revolution ist nicht die Demokratie“, sagte er. „Sie schafft erst die Demokratie.“

Kurt Eisner saß im Jahr 1918 wegen der Organisation des großen Arbeiterstreiks gegen den Krieg neun Monate ohne Prozess in Untersuchungshaft, er wurde im Oktober entlassen; am 7. November begann die Revolution – und Eisner rief die Republik aus. Seine Revolution war eine friedliche Revolution, ohne jedes Blutvergießen; sie war friedlich bis zu dem Tag, an dem Eisner von einem Nazi erschossen wurde. Das war am Morgen des 21. Februar 1919; Eisner hatte, weil seine Partei die Mehrheit verloren hatte, die Rücktrittserklärung in der Tasche, die er im Landtag verlesen wollte.

Bis zu diesem Tag war Bayern das Musterland der deutschen Revolution gewesen. Man darf stolz auf diesen Eisner sein. Erst nach seiner Ermordung begann die Zeit der Straßenschlachten und eines Terrors, wie ihn keine andere deutsche Stadt so furchtbar erlebte. Aber Eisner wurde deswegen verketzert, es wurde später von den Konservativen und den Nazis so getan, als habe Eisner, der Pazifist, Staatsmann und Literat die Schrecknisse zu verantworten, deren schrecklichste den weißen Truppen, also den Rechtsextremisten, anzulasten ist.
Der SZ-Kollege Wolfgang Görl hat soeben über Eisner geschrieben („Viel zu verdanken“, SZ vom 21. Februar 2019): „Das Zerrbild, das die rechte Propaganda in der Zeit der Revolution und danach von Eisner gezeichnet hat, wirkt bis heute nach. Eisner, der Preuße, der verlotterte Literat, der Traumtänzer, der Jude, der Volksverräter – hinter den Stereotypen des völkisch-nationalistischen Ressentiments verschwinden die demokratischen Errungenschaften, die Bayern diesem Mann verdankt.“ Fürwahr: In Eisners kurzer Regierungszeit wurden das Frauenwahlrecht, die Pressefreiheit und der Achtstundentag eingeführt; der Kirche entzog die neue Republik die Aufsicht über die Schule. Eisners Träume von der Völkerverständigung nach dem verheerenden Krieg zerrannen leider (Siehe zu Eisner und zur Revolution in München die aktuelle Serie im Bayernteil der Süddeutschen Zeitung). Kurt Tucholsky veröffentlichte am 27. Februar 1919 in der Weltbühne ein Gedicht. Es heißt einfach „Eisner“ und beginnt so: „Da war ein Mann, der noch an Ideale glaubte / und tatkräftig war. / In Deutschland ist das tödlich.“

Gustav Landauer, der Anarcho-Pazifist, zitierte in seiner Trauerrede aus einem Gedicht Eisners, das sich liest, als habe dieser sein Schicksal schon erahnt: „Giftgeschwollen siegen / schuldlos unterliegen, / Mord oder Qual / Das ist die Wahl“. Heinrich Mann, der Schriftsteller, hat auch geredet vor hundert Jahren auf der Trauerfeier, sein Kollege Oskar Maria Graf war dabei; auf den Bildern von damals wollen Historiker auch Adolf Hitler erkannt haben. Die ganze Stadt, so steht es in den Zeitungen, war auf den Beinen – und es ist anrührend, das Filmdokument von damals anzuschauen.

Ich habe das wunderbare Archiv der Süddeutschen Zeitung, des Jahrestags wegen, gebeten, nach den größten Trauerzügen in der Geschichte Münchens zu forschen. Vielleicht war es ja tatsächlich dieser Trauerzug für den Sozialisten Eisner im Februar 1919? Vielleicht war es 1921 der Trauerzug für Ludwig III., den letzten bayerischen König. Vielleicht war es 1931 der Trauerzug für den Kardinal Michael Faulhaber, der in seiner Rede zur Beerdigung von König Ludwig III. ein Bekenntnis zur Monarchie und zum Gottesgnadentum des Königs abgelegt hatte. Vielleicht war es 1955 der Trauerzug für Rupprecht von Bayern, der der letzte lebende deutsche Generalfeldmarschall des Ersten Weltkriegs war. Oder der Trauerzug von 1976 für den volkstümlichen Kardinal Julius Döpfner, der während des Zweiten Vatikanischen Konzils zu einer der prägendsten Figuren der katholischen Kirche geworden war. Vielleicht war es auch der bombastische Trauerzug für Franz Josef Strauß im Oktober 1988.

Lesen wir Eisners letzte Sätze: „Es herrscht Chaos in München und doch ist es gespenstisch still. Zwei Kugeln haben mich getroffen, in Rücken und Kopf – mein Blut trocknet auf der Straße. Jetzt beginnen die Kirchenglocken zu läuten, nicht für mich, einfach weil sie es so gewohnt sind. Immer mehr Menschen eilen in die enge Promenadenstraße zum Ort des Geschehens. Ich habe immer dazu aufgerufen, dass unsere Revolution eine friedliche sein muss. Ich bin ein überzeugter Pazifist, für meinen Mörder Anton Graf von Arco auf Valley und viele andere war das, neben meiner jüdisch-berlinerischen Herkunft und meinem Kampf für die Demokratie, eine Provokation. Über meinen Mörder wird in den nächsten Tagen noch viel zu hören sein. Gestatte mir, liebe Leserin, lieber Leser, für heute zu schweigen. Der Tod ereilt einen nicht jeden Tag. Meine Zukunft ist damit geklärt, für Bayern sehe ich jetzt stürmische Zeiten anbrechen.“ – Das ist nicht wirklich von Eisner selbst.

Eine schöne letzte Februarwoche wünscht Ihnen von Herzen

Ihr 
Heribert Prantl, 

Mitglied der Chefredaktion der Süddeutschen Zeitung



 

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2 comentarios
  1. Horacio Insanti permalink

    Muy valioso aporte.
    Muchas gracias.
    ________________________________

  2. Gracias por leer mis bagatelas, querido Horacio.-

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