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Mary Shelley : donde confluyen poesía, ficción macabra y emancipación

noviembre 2, 2018

Retratos de Mary Shelley
Asignar a los precedentes históricos eficacia causal sobre desplazamientos culturales que hoy acontecen,  suele sumirnos en la mera conjetura idealista o el prejuicio ideológico. La curiosidad gusta escudriñar lo pasado siquiera para airear el propio entendimiento y aun reforzar la adhesión de los ya convencidos. Sin embargo, un antecedente es a menudo persuasivo a los fines de la argumentación falaz, puesta  a tejer tapices metaempíricos mediante el recurso a la arqueología.
A este género de especulación tiende esta vez el evocar la figura de la escritora británica Mary Wollstonecraft Shelley , hija del pensador político William Godwin, nacida en 1797 y fallecida en Londres en 1851,  autora de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), y también famosa como editora de las obras de su esposo, el poeta romántico Shelley. Fue su madre la filósofa feminista Mary Wollstonecraft.  
Mary Godwin inició una relación sentimental con uno de los adeptos políticos de su padre, el poeta  Percy Bysshe Shelley, quien ya estaba casado. Los dos, junto con la hermanastra de Mary, Claire, vivieron en Francia y viajaron por Europa. A su regreso a Inglaterra, Mary estaba embarazada. ​ Durante los siguientes dos años ella y Percy se enfrentaron al ostracismo social, a las deudas constantes y a la desgracia del fallecimiento de su hija, nacida prematuramente. Se casaron a finales de 1816, tras el suicidio de la primera esposa de Percy Shelley, Harriet.
En 1816, la pareja pasó un verano con George Gordon (Lord) ByronJohn William Polidori y Claire Clairmont cerca de GinebraSuiza, donde Mary concibió la idea para su novela Frankenstein. Los Shelley abandonaron Gran Bretaña en 1818 y se mudaron a Italia, donde su segundo y su tercer hijo murieron antes de que Mary diese a luz a su último vástago.​ En 1822, su esposo Percy Bysshe Shelley se ahogó al hundirse su velero, durante una tormenta en la Bahía de La Spezia. Un año después, Mary Shelley regresó a Inglaterra y desde entonces se dedicó a la educación de su hijo y a su carrera como escritora profesional.

Mary creció y se educó en un ambiente intelectual y progresista que marcó fuertemente su personalidad.  “Nunca voy a casarme”, había escrito su madre, autora de “Una reivindicación de los Derechos de la Mujer”, cuando tenía veintiún años. “El matrimonio: una forma de monopolio, el peor”, escribió su padre, autor de “Ensayo sobre los sepulcros”.
Desde su ventana, lo que Mary Shelley veía esencialmente eran tumbas y cadáveres. Su vida estuvo asociada a los cementerios desde la infancia. El tiempo en que vivió fue el de los ladrones de tumbas, que trabajaban clandestinamente para proveer de cuerpos a médicos y anatomistas. Esto, antes de 1832, cuando se sancionó el Acta de Anatomía, que entregaba a la Medicina los cuerpos de indigentes o muertos en asilo que nadie reclamaba. Los cementerios se poblaran de deudos que hacían guardia alrededor de las tumbas de sus seres queridos, ante el temor de que ellas fueran profanadas.
Desde su ventana, Mary podía ver los carros clandestinos que trasladaban cadáveres. Muchas veces estaban envueltos en bolsas o en cajas con falsas leyendas, como “piano”. Iban desnudos, pues trasladarlos con mortaja sí constituía delito de robo. La prenda para la morada última era un elemento material que correspondía a la familia, pero el cuerpo de una persona muerta a nadie pertenecía. El cadáver no es susceptible de ser objeto del derecho de propiedad.
Frankenstein es la clásica historia de la era de profanación de cuerpos. También, es un relato de ficción sobre la legislación que acabó con ella. Con la Ley de Anatomía, nació la cara monstruosa de la cultura utilitaria de Inglaterra de mediados de la era victoriana. Lo supo en 1822, a los 25 años, cuando acababa de quedar viuda, y decidió conservar el corazón de su marido, el escritor y poeta romántico Percy B. Shelley.
Hacía cuatro años que había escrito Frankenstein, que llegaba a la tercera edición, y por la que más tarde iba a ser considerada como la autora de una historia macabra. Envuelto en la página de un poema, Mary Shelley trasladó el corazón de su esposo en sus sucesivos viajes y mudanzas a modo de reliquia, durante un cuarto de siglo, hasta su muerte. Ese detalle resume la naturaleza romántica de su ser y escritura, muy lejos de la lobreguez que signó su vida privada y su vida como escritora.
En su novela, Mary Shelley se refiere a “terribles actividades” nocturnas del doctor Frankenstein, cuyo afán investigativo lo lleva a  trabajar a Inglaterra en la temporada de exhumación de cadáveres. El doctor, quiere entender la vida. Para hacerlo, debe ponerse, literalmente, en contacto con los muertos. En la novela de Mary Shelley, el médico habla, de hecho, con un muerto que está “construido” con piezas seccionadas de cadáveres.

el Dr Frankenstein y su criatura 

Como  homenaje,  Citas extraídas de obras de Mary Shelley  y una “Stanza” de sus poemas: >No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas.    >Toda política llevada al extremo debe ser producida con maldad.

Stanza [“Oh, come to me in dreams, my love!”]

       MARY WOLLSTONECRAFT SHELLEY
Oh, come to me in dreams, my love! 
I will not ask a dearer bliss; 
Come with the starry beams, my love, 
And press mine eyelids with thy kiss. 
’Twas thus, as ancient fables tell, 
Love visited a Grecian maid, 
Till she disturbed the sacred spell, 
And woke to find her hopes betrayed. 
But gentle sleep shall veil my sight, 
And Psyche’s lamp shall darkling be, 
When, in the visions of the night, 
Thou dost renew thy vows to me. 
Then come to me in dreams, my love, 
I will not ask a dearer bliss; 
Come with the starry beams, my love, 
And press mine eyelids with thy kiss. 

-o-o-

Muy posterior al relato de  Frankenstein  es la novela “DRÁCULA”  del escritor irlandés  Abraham Stoker (1847-1912). Aunque el mítico personaje del Conde Drácula creado por Bram Stoker es conocido en todo el mundo desde hace bastantes décadas, ello se debe en gran parte a toda la filmografía asociada al mismo, la cual ha engrandecido esta figura hasta hacerla inolvidable, dándole el cartel de “mito”.

El argumento de la novela trata de las maquinaciones del Conde para perpetuarse en el tiempo alimentándose con la sangre de sus víctimas. En un alarde de auténtico modernismo para la época, Bram Stoker no sólo lleva a su último extremo la novela epistolar, sino que además altera por completo las estructuras narrativas clásicas, empleando diferentes tipos de medios y lenguajes, rompiendo la cronología, prescindiendo absolutamente de un narrador omnisciente que revele la auténtica naturaleza de los hechos, e incluso introduciendo un inusitado juego metalingüístico, ya que los protagonistas no sólo son autores de los documentos que conforman la novela, sino que la transcriben y la ordenan, permitiendo asistir al propio lector al proceso de construcción de la misma.

-o-

Pero la presente nota tenía por objetivo un fin mucho más modesto que el de confrontar dos magníficos relatos de “terror”. De una parte evoco aquí lecturas y filmes frecuentados en la niñez y la adolescencia. Más importante, empero, es el homenaje a mujeres como Mary Shelley y su madre, cuyo ámbito de acción y conciencia libertaria les permitieron – aun al costo de extremos sufrimientos – luchar por los derechos personales que habían entendido corresponderles.

ch – nov. 2018


 

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