Saltar al contenido

Brevetramas – por Julio Bepré

enero 17, 2014

Image  Image

Metido sin autoridad a crítico literario,  quedo a lo sumo en recomendador. Despliego el gesto de compartir lo leído con acrecentado disfrute, si como en este caso mejora anteriores experiencias de escritura y lectura. Al hacerlo, procuro no incurrir del todo en el pecado de infidencia al revelar aspectos de las tramas que evoco, sin detrimento – espero –  del impacto que ellas han de producir en lectores y espectadores.

Pero nunca había escrito ni visto un guión de ballet, cuya representación será luego orquestada por una coreógrafa a partir de bailarines, con o sin artificios escénicos y soportes musicales. No es raro que se “dancen” poemas y en ese caso los versos sugieren la trama y los gestos. Trazar el plan de un ballet implica desarrollar un argumento, describir escenarios, retratar personajes, presentar situaciones y actuaciones de índole dramática más allá de lo expresable con el autónomo arte de la danza. Es lo que consigue Julio Bepré en Danza en un sueño,  uno de los aportes de su reciente libro titulado Brevetramas (colección Barletta-La Luna Que, Buenos Aires, noviembre de 2013), donde  una habitación con amplio ventanal hacia una plaza de pueblo deja ver los pasos que bailan un niño, su madre, dos payasos y gente reunida frente a la vidriera.

Así de acotados en espacio aunque variables en duración son los diseños escénicos reunidos en ese breve volumen. Situados en diversas coordenadas temporales, abarcan desde la edad edénica hasta momentos de tangible actualidad. Una de las piezas “propone” (en consonancia con su título) la relectura de un pasaje del Génesis. La primera pareja humana obtiene permiso para recorrer parajes allende el Jardín primordial, sin perderlo de vista. Designados con nombres que se pliegan al esquema femenino-masculino del original hebraico, Eva y Evo dialogan con libérrima y dichosa ingenuidad, como niños muy lúcidos, y en su hablar testifican la ominosa presencia tentadora que los hará regresar junto al árbol prohibido, cuyo fruto el hombre se jacta de no haber (aún?) probado. Todo ello transcurre con variaciones de intensidad lumínica y envuelto en el clímax sonoro del Gloria, cuyos fragmentos sugiere el autor sean los del K 317 de W.A. Mozart. (Como simple lector y amante de la música, ampliaría esa sugerencia hasta abarcar la escucha completa de esa misa, en la versión del 29 de junio de 1985, con un celebrante de máxima jerarquía, una batuta de primer orden y cantantes de lujo, en el video que se ofrece en http://www.youtube.com/watch?v=UeUjMagnJ_M .)

La pieza titulada Uno y Dos retoma desde nuevo ángulo el tratamiento dramático del sinsentido de vidas humanas incapaces de innovarse tras años de trabajo. En un escenario cerrado calificado de “subreal”, dos protagonistas se esperan uno al otro, hasta que aciertan a “reencontrarse” para reincidir en un  diálogo monocorde sobre sucesos que ya no vuelven y propósitos que no llevan a la práctica. Una bella mujer ingresa por error en esa sala, ellos la admiran y aguardan esperanzados su improbable regreso. Los altibajos anímicos y físicos que atraviesan son marcados con sobrias indicaciones de cambios de iluminación e intervalos de tiempo, hasta que el retorno a la situación inicial les devuelve el espejismo de estar “reunidos”. La trama remite a los sagaces procedimientos  escénicos del Huis clos sartreano  y al Beckett de En attendant Godot, de grato recuerdo para los espectadores rioplatenses de teatro independiente allá por 1960.

En el drama Es ya la hora, de notorio “dramatismo” en el sentido más ramplón de ese vocablo, Bepré consigue atraer mediante el estilizado manejo de su escritura, ahí transformada en despojado diálogo de un hombre y su progenitor. El primero, recluido en una prisión, resiste con entereza los reproches de su padre y a la vez recrea las causas que lo llevaron, con purísimo amor, a matar a su mujer. Sin concesiones a la sensiblería, mantiene hasta el final la incógnita en torno de la voz que lo conmina a abandonar la celda. Los pocos compases de un adagio de Benedetto Marcello no le darán la respuesta ni consolarán al público que mire la escena.

Todo guión de teatro o cine presupone en su autor la voluntad de que se diga y se actúe en la pantalla o tablado lo escrito en el libreto; que los intérpretes cumplan como mínimo – antes que los dictados del director – los pasos y gestos previstos por  quien acuña la factura literaria del drama; que se muestren los artefactos, muebles, cuadros y estatuas considerados imprescindibles. No todo escenario o elenco posee la capacidad o la voluntad de aceptar tales directivas. Esas divergencias llegan a manejar con notables diferencias los ingredientes de toda puesta en escena, sobre todo los “tempi” y la duración del espectáculo. Julio Bepré ha puesto el acento sobre algunos de esos elementos sin recortar la autonomía del eventual director. Como forma literaria, la economía de estos textos se subordina al canon de la brevedad, que en principio sólo rige la duración de su lectura, no así la de su puesta en escena. Desde la perspectiva de quienes leemos, la pieza más prolongada sería la que se titula Milagro inverso. Es también la que exige más intérpretes y cambios de escenarios. Se desarrolla “en el presente”, nota que ya se presta a la incerteza. Plantea una “estructura coral”, con personajes que trabajan, van y vienen, festejan, discuten, descansan en torno de un acontecimiento eje: las “bodas de perla” de Lucrecia e Ignacio, diversos en sus vanidades e intereses, reunidos para “representar” tal celebración en un prestigioso establecimiento hotelero, ante un montón de invitados tan vacuos como ellos. A la hora del brindis, el champán de las botellas que descorchan se ha transformado en agua, con gran alboroto desaprobatorio de los asistentes. Una vez retirados éstos, regresan camareros y obreros que habían colaborado en la preparación del festejo y prueban con gran beneplácito la exquisita bebida que había quedado en copas y botellas. A los dos “milagros inversos” se suma  quizás uno anterior: la enigmática metamorfosis de Lucrecia en su criada Amelia (pág. 115). Tal vez quede desapercibido entre los acordes del sugerido Rondó a la Turca que subraye el febril ir y venir de los personajes. No suena mal  http://www.youtube.com/watch?v=ogBWOnZzNQY .-

Una típica tertulia informal  en la que amigos de variadas ocupaciones e intereses son reunidos por el hábito y la rutina alrededor de la mesa de un mismo bar, queda alterada por la curiosidad que despierta El extraño silencioso que un día aparece allí para sorber un té y leer su libro. Algunos creen reconocer en él la figura de un librero que tiempo atrás tenía su comercio en la cuadra, pero no osan interrogarlo. Cuando el más “filósofo” del grupo logra penetrar por un momento la hurañía del solitario, oye de él un triste relato de lo acontecido con su vida y ello remueve por un tiempo la atmósfera de tedio de ese grupo, apenas subrayada por la voz de Mina Mazzini cantando Il cielo in una stanzahttp://www.youtube.com/watch?v=cKhmAKhuCjM

Ámbito despojado e intemporal rodea a un Yo monologante que pregunta dónde se encuentra, cómo llegó ahí, por qué sigue inactivo con tantos quehaceres que lo reclaman en vísperas de una inminente designación política debida a su propio esfuerzo. Muros laterales lo acotan, negra anchura es su techo, no siente cansancio, hambre ni sed mientras espera que vengan a buscarlo. Falto de algo en qué ocuparse, ciertos recuerdos lo enjuician y los rebate con su habitual congruencia. Se alternan luz y oscuridad, silencio y música severa que lectores y espectadores pueden recrear clicando en los links http://www.youtube.com/watch?v=m5uLDXW2xeY  y  http://www.youtube.com/watch?v=ia8ceqIDSJw . Dirige preguntas a intangibles interlocutores que al final se corporizan con voces y palabras nada halagüeñas para su autoestima. Si las palabras finales que pronuncia son constatativas o desesperadas, esto habrá de marcarlo el director de la puesta.

Image

Las transversalidades del recuerdo humano quedan lisonjeramente narradas en la pieza El retrato, que lleva como epígrafe tres versos de Cesare Pavese y propone como fondo de algunas escenas la bella canción que en italiano se titula Non dimenticar  http://www.youtube.com/watch?v=wqFXnihOgug . La trama exige algún truco escénico para patentizar los cambios que deben verificarse en la imagen de un retrato, pero nada obliga a reseñar los detalles que van perfilándose en esta amable y breve comedia.

—————————————-

En el proemio del ejemplar que me ha enviado, Julio Bepré advierte que las tramas ahí reunidas responden al amor que alberga por el teatro y al “requerimiento expresivo” que impulsa al poeta que él sin duda es. Admite las “vacilaciones a que lleva siempre la exigencia de la realidad teatral”, pues lo escrito ha de afrontar todavía “el hipotético destino que la puesta e interpretación…  pudieran conceder”. Al encabezar esta colección de sus breves tramas con citas de algunas de sus “certidumbres” (págs.. 11/12), no encadena con estas últimas los vuelos de su pensar y su sentir; la que mejor invita al libre despliegue de la libertad cradora en arte y teatro es de Eugène Ionesco, pero las otras no le van en zaga.

El actor y dramaturgo Pablo Moretti, no hace mucho fallecido, dejó como crítico avezado un prólogo a cinco de estas piezas, que se antepone a las ahora editadas bajo un sello editor cuyo nombre quiero imaginar, a propio riesgo, rinde un homenaje al periodista y dramaturgo argentino Leónidas Barletta.  Es de esperar que ninguna de esas presentaciones,  y mucho menos la presente, dilaten el momento donde esas obras de orfebrería literaria encuentran su lector y ojalá su espectador cabal. “El más grande director de escena no igualará jamás en sus realizaciones a los sueños e imaginaciones del más humilde de los espectadores” – cita Bepré al inmenso actor que fue Louis Jouvet – y yo completaría: “tampoco igualará al talento y la calidad literaria de un sagaz poeta-dramaturgo como lo es el autor de estas Brevetramas”.-

Mar del Plata, enero de 2014                            Carlos Haller

 [Agradezco la ayuda de Marcela Rodríguez y Esteban Haller en la obtención de una de las ilustraciones que encabezan esta nota]

Anuncios

From → Uncategorized

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: